Érase una vez, existía un pueblo llamado Sambria que estaba ubicado en medio de un bosque y cerca de una serranía. Era un pueblo modesto, sus habitantes eran de clase media baja pero lo que importaba era que vivía en paz.
Un día, una vieja bruja, que venía volando desde las alturas de las pequeñas montañas, divisó el conglomerado desde los aires y se sintió ofendida al ver que eran una comunidad feliz; se enojó mucho y rechino los dientes. Enfoco su vista en algo que estaba en la mitad del conjunto de casas, sonrió con malicia e inmediatamente ideó un plan.
Cuando cayó la madrugada y todos dormían, la malvada bruja descendió de los las alturas y aterrizó frente al gran pozo que proveía de agua a la gente del pueblo. Estiró su brazo con su mano en forma de garra, lo direcciono hacia las montañas y una roca enorme salio flotando de ahí detrás.
La trajo volando hasta la superficie y sin hacer ruido en absoluto, la coloco sobre el pozo tapándolo por completo. Mantuvo su mano de garra apuntando la roca, mientras que recosto la otra de lado en su pecho. Enseguida bajo la cabeza, cerró los ojos y susurro una especie de oración que recitaba muy rápido en un idioma extraño en medio de la oscuridad.
A la mañana siguiente, una jovencita se acercó bien temprano al pozo a sacar agua como de costumbre. Pero al llegar ahí, quedo impactada al ver la enorme roca lo estaba sellando.
Inmediatamente, con sus ojos consternados y su cara temblando, retrocedió y se adentró en una de las calles. En pocos segundos, regreso con tres muchachos jóvenes altos. Ellos al ver la escena, sus cejas temblaron y se quedaron con la boca la abierta.
El chisme se comenzó a regar rápidamente por todo el pueblo y cada vez llegaba más gente a ver la escena de los hechos con los ojos bien abiertos. Los tres chicos jóvenes bajaron las cejas, apretaron los labios y espojaron los hombros. De inmediato, procedíeron a empujar la roca para destapar el pozo. Para su sorpresa, esta era tan pesada que no podían mover ni un centímetro.
Mas hombres se sumaron a empujarla, pero por más fuerza hacían la piedra no se movía. Al final, toda la gente del pueblo se les unio para intentar rodar la roca gigante, pero por más que fuera el esfuerzo de la muchedumbre, esta no cedía.
—Algo tiene que estar pasando aquí, esto es imposible— dijo uno de los hombres de Sambria.
—Lo único que se me ocurre es que algún merodeador no quiere que bebamos mas agua, porque obviamente esto lo hizo alguien ajeno a la población — dijo una mujer en la multitud.
En ese momento el ambiente se oscureció y todos empezaron a mirar a todos lados sin saber a donde enfocar la vista. En eso, la voz de la malvada bruja se escucho por doquier.
—Si, yo soy el merodeador del que hablan y he venido a acabar con la felicidad de su pueblo— un escalofrío colectivo recorrió la plaza. Las miradas se cruzaban con sospecha, buscando un rostro entre las sombras; el aire se volvió denso, dificultando la respiración de los presentes, mientras el sudor frío comenzaba a arrastrarse por sus frentes, pero no veían a nadie.
—No tolero la paz con la que viven los seres humanos, asi que ese pozo nunca mas va poder ser destapado y no van a poder beber agua nunca mas. Si no se marchan y acaban con la existencia de su pueblo, moriran de sed. Mis encantamientos oscuros son irrevocables ¡Jajaja! —al final, lanzó una carcajada tan siniestra que hizo que los nervios de todos los Sambrianos temblaran.
La luz del día volvió pero todos permanecieron intactos con la mirada perdida, hasta que un hombre dijo medio jadeando,
—Puso un hechizo en la roca, tenemos que hacer algo, al menos tenemos que intentar deshacerlo.
—¿Alguien conoce algún truco de rompimiento, o conoce a alguien que nos pueda ayudar? – dijo otro de los habitantes gritándole a la multitud, pero el silencio reino
—Ya me esta dando sed— dijo una mujer mayor, y todos comenzaron a arrugar la cara con los ojos medio llorosos, sin saber a donde mirar.
En ese instante, un señor no muy mayor se pronuncio —Yo creo saber quién nos puede ayudar— el señor avanzo dentro de la multitud y todos apuntaron su mirada con sus rostros caídos hacia el, esperando que siguiera hablando,
—Antes de llegar a este pueblo, yo vagabundeaba perdido en el bosque. Ya estaba sin energías y había decidido darme por vencido, asi que me deje caer al suelo. Pero vi que una especie de pluma cayo en la tierra bajo mi frente. Con mi último aliento logre levantar la cabeza para mirarla pero lo que cautivo mi vista fue que no muy distante en frente de mi, habia una pequeña casa que antes no estaba ahí.
Era hermosa, hecha una de madera que brillaba con la luz del sol, sus rayos caian sobre ella a través de las hendijas de las ramas de los arboles. En eso, veo que un señor viene caminando desde alli y me ayuda a levantarme con una gran sonrisa en su rostro. Me ayudo a llegar hasta su casa y una vez alli dentro, vi que era un lugar muy comodo con muebles y pequeñas pinturas en las paredes. Me sento en su mesa principal y me regalo una gran tasa de café con un robusto pan. Luego, me recoste en uno de sus grandes muebles y creo que dormi por horas.
Al amanecer, yo me sentí revitalizado, lleno de energia y paz. Salimos afuera y el me dijo que tomara el camino derecho para encontrar la felicidad. Yo no sabía quien era, pero le di un fuerte abrazo y le agradeci por haber salvado mi vida. Yo solo segui su indicaciones sin mirar atrás e inesperadamente en menos de diez minutos el pueblo de Sambria estaba delante de mis pies.
Yo nunca les habia contado la verdad de como llegue aquí, porque pense que habia sido una experiencia divina que debia guardar para mi. Pero creo que en medio de esta situación, nos puede ser de mucha ayuda. Esto paso hace muchos años cuando llegue aquí, y no se si ese señor aun este con vida o siga ahí, pero creo que es nuestra única opción.
—¿Pero que tan adentro del bosque esta? Nosotros siempre hemos salido solo a cazar a los alrededores de nuestra zona.
En realidad la casa estaba ubicada casi llegando a las colinas del oeste, donde termina el bosque, que en realidad esta a una hora a pie de aquí. Si se atreven a emprender ese pequeño, pero incognito viaje, debe ir alguien que tenga la fuerza suficiente y la valentía necesaria para resistir ese camino, y los posibles obstáculos que se puedan atravesar; ningún bosque es seguro, lo digo por experiencia. Yo ya estoy muy viejo y no lo resistiria.
Todos se quedaron mirando las caras mientras las movian lentamente de lado a lado, pero nadie se atrevia a decir una palabra y a ofrecerce para la misión. Hasta que uno de los jóvenes altos tuvo al menos el valor de gritar y le dijo a la muchedumbre, —¿Quién se postula para convertirse en el salvador de los Sambrianos? —el silencio se volvio a apoderar del area de la tierra del pueblo, pero después de unos segundos, alguien hablo y dijo —Esta bien, yo me ofrezco a incursionar el bosque.
Todos voltearon a mirar y se escucho un suspiro de sorpresa en coro: era un joven delgado, de estatura media, tenía unos 22 años. Su ropa era un poco mas sencilla que la de los demás, era un jean y una camisilla beige. Vivia solo en una pequeña casa a un costado del pueblo. Nunca habia sido muy sociable, pero la gente lo veia como un gran trabajador con un fisico saludable, su nombre era John.
—Siempre me han llamado atención las aventuras y las experiencias, además tengo un buen sentido de la ubicación—dijo con valentia después de dar unos pasos hacia adelante.
—Entonces no se diga mas, no hay tiempo que perder, no podemos estar sin agua por mucho tiempo —dijo el señor que recomendó el plan.
Todo el pueblo lo acompaño a la entrada de Sambria, el señor le coloco la mano en el hombro para demostrarle su ayudo. Y a su vez, lo miro con una sonrisa en sus labios que transmitia seguridad. Mientras que los habitantes lo veian con las cejas arrugadas medio temblando. Asi, John emprendio el recorrido por el camino del bosque y se adentrándo hasta que lo perdieron de vista.

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