El Mago De Los Ojos Azules

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viernes, 27 de febrero de 2026

Nahual: El Perro de Humo (Cuento Corto)


Una madrugada William despertó en la oscuridad, después de una pesadilla de la que ya no recuerda. En eso, miró para el borde de la cama y vio una oscuridad más espesa. El joven estaba acostado junto a la pared, así que estaba algo lejos. Pero cuando divisó bien, vio que se trataba de un animal: era un perro negro que no era muy grande.

​En su casa él no tenía perro, tan solo tenía un gato pequeño, así que le pareció imposible. El sabueso estaba inclinado en la cama solo con las patas delanteras puestas en el borde del colchón.

​Observándolo bien, se dio cuenta de que no se trataba de un perro real; era como una nube de humo. Detallándolo con precisión, el animal tenía puesta una camiseta como de un equipo de fútbol de rayas negras y rojas oscuras y una gorra negra al revés. Pero lo más espeluznante era que tenía rasgos humanos en varios lados de su cara que él no podía describir bien. Tenía como un bulto en la zona de uno de sus ojos y no tenía hocico. Él solo veía que tenía unos cachetes estirados, pero no podía ver si tampoco tenía boca.

​A pesar de eso, él no le tuvo miedo, ya que desde su niñez ha tenido experiencias paranormales y ha visto seres fantasmagóricos. Por eso, él sabía que ellos siempre estaban por ahí, así que se lo quedó mirando fijamente.

​Normalmente, las entidades oscuras cuando se manifiestan se desaparecen apenas volteas a verlas. Pero en este caso, esta no hizo eso. Se quedó ahí mirándolo como esperando a que se impresionara, pero él lo siguió viendo con determinación y se preguntaba en la mente: ¿Y este por qué no ha desaparecido si lo estoy mirando? ¿Por qué no actúa como los demás?

​Sin embargo, William no sabía si el espíritu había escuchado lo que estaba pensando, o como vio que no se estaba asustando y no tenía energía que absorber, a los tres o cuatro segundos se desvaneció.

​Un Nahual es un brujo o chamán que tiene la capacidad de proyectar su espíritu y, a veces, su cuerpo en la forma de un animal. Eso era lo que había visitado a William esa noche. Por alguna razón se le había aparecido en esa forma.

​Una semana después, William se volvió a despertar a medianoche, pero esta vez el perro de neblina estaba montado en la cama encima de él. El joven tenía la cabeza de medio lado y el perro se la estaba pisando con tanta fuerza que ni podía moverla. A pesar de no ser de carne y hueso, William podía sentir la presión y el pelaje del animal. Y a su vez, sentía la rabia que le estaba transmitiendo, pero a los pocos segundos igual desapareció y lo dejó moverse. William respiraba rápido por la boca, como si se estuviera ahogando.

​No sabía qué pudiera estar enojando tanto al animal, o al brujo, para que se le apareciera tan constantemente.

​Pasaron alrededor de 15 días, y una noche cuando recién se había acostado para dormirse de medio lado, empezó a sentir una energía fuerte y ardiente en el aire, no muy lejos de él. Como William ya había tenido experiencias, sabía que esa era la sensación de un ente oscuro, así que empezó a rezar.

​Apenas empezó, sintió que algo vino por detrás y se le montó encima, entre la cabeza y la espalda, como para evitar que lo hiciera. Él, a su vez, estaba dispuesto esta vez a defenderse. Sin embargo, este lo mantuvo tan presionado que William no podía moverse ni un centímetro; se sentía mucho más pesado que una roca enorme.

​Por alguna razón, el perro ese día era mucho más grande y en su mente podía ver que esta vez tenía el pelaje más oscuro. A los pocos segundos, el sabueso se le quitó de encima volando hacia arriba. Lo que el ente no sabía era que, desde la última vez que se le apareció, William había guardado una hacha pequeña debajo de su almohada. Así que, con agilidad, la sacó y dio un gran golpe en el aire, alcanzando a atravesar el cuerpo de humo del animal.

​A la mañana siguiente, el sonido de una ambulancia despertó a William. Se asomó por la ventana y vio a mucha gente alrededor de una casa cercana. Los enfermeros traían en la camilla a un vecino suyo, un hombre que siempre pasaba por la casa del joven y lo miraba con la cara arrugada y una mirada profunda, solo porque William era feliz. El hombre tenía una herida muy larga y profunda en el estómago.

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