Elkin era un sastre que acababa de mudarse al pueblo de Mirkal. Sin embargo, su nueva casa era demasiado pequeña y no tenía espacio para montar su taller. Decidido a no detener su oficio, buscó un lugar económico para rentar por todo el pueblo, pero los precios eran elevados: 400 o 500 perlas por habitación. Elkin no sabía qué hacer, pues no contaba con semejante cantidad.
Una mujer del pueblo, al notar su angustia, se le acercó y le ofreció una habitación a un precio increíble, aunque en una ubicación peculiar. Señaló hacia las afueras, donde, en medio de la espesura del bosque, se alzaba una vieja torre gris.
—En la cima hay un cuarto lo suficientemente grande para tu trabajo. Solo te cobraré 150 perlas —le dijo.
Elkin, feliz al encontrar algo acorde a su presupuesto, le entregó el dinero de inmediato. Al cerrar el trato, la mujer mostró una sonrisa pícara y misteriosa que el sastre no alcanzó a notar. Sin perder tiempo, Elkin recogió sus telas, hilos, agujas y sus máquinas de coser, metió todo en una gran bolsa de lienzo y emprendió el camino.
Antes de internarse en la arboleda, un vecino lo detuvo:
—Vecino, tenga cuidado. Nadie entra allí. Se dice que hay un maleficio rondando tras los troncos; una presencia que no tolera invasores y usa la naturaleza para atentar contra el alma.
—Tranquilo —respondió el sastre con una sonrisa—. Solo voy a trabajar en la torre. La renté a muy buen precio.
El vecino negó con la cabeza, cerrando los ojos con resignación mientras murmuraba:
—De nuevo esa vieja malvada engañando a los nuevos... espero que este no termine igual.
Elkin llegó a la torre en pocos minutos. Era una estructura antigua, desgastada pero firme, rodeada por un pequeño claro de pasto verde. Subió las polvorientas escaleras de concreto y quedó maravillado al ver el espacio. Tenía una ventana frontal con vista al pueblo y una posterior que daba al bosque. Limpió el lugar, instaló sus máquinas frente a la ventana del bosque y comenzó su labor.
Al atardecer, un ser fantasmal y oscuro que se había apropiado de aquel territorio detectó su presencia. Aquel "maleficio" se sintió profundamente ofendido por la invasión y decidió acabar con el hombre. Usando su habilidad para controlar la naturaleza, desató un feroz huracán que avanzó a gran velocidad hacia la torre. Sin embargo, a mitad de camino, el remolino perdió fuerza inexplicablemente.
Justo antes de que el viento golpeara la estructura, Elkin se levantó, recogió sus cosas, cerró las ventanas y bajó con calma de regreso al pueblo. El sastre ni siquiera notó el fenómeno; el viento simplemente atravesó la piedra y se desvaneció. El ser oscuro rugió de ira, confundido por la falta de potencia de su ataque.
Al día siguiente, el espectro intentó lanzar varios tornados simultáneos, pero estos se desviaban misteriosamente antes de tocar la torre, llegando apenas a levantar algunos tejados en las orillas de Mirkal. Elkin, ajeno a todo, terminó su jornada y regresó a casa para cenar con su familia.
Pasaron los días y el negocio de Elkin prosperó; ya vendía camisas y pantalones con éxito en el mercado. El ente fantasmal, desesperado, invocó una tormenta eléctrica para que un rayo fulminara al sastre a través de la ventana. Pero cada relámpago rebotaba contra un escudo invisible, cayendo de vuelta al bosque y casi electrocutando al propio espectro, quien los esquivaba con el rostro arrugado por el pánico. Intentó incluso provocar un terremoto para derribar la torre y esta se trayera consigo al hombre invasor, pero el epicentro se desplazó solo hacia el pueblo. La gente se aturdió pero el fenómeno perdio tanta fuerza que apenas fue un leve temblor que no causó daños.
Finalmente, el ser oscuro decidió atacar con sus propias manos. Intento cruzar el campo que rodeaba la torre, pero cuando iba por la mitad este se convirtió en un area magnética. Avanzaba con dificultad en cámara lenta y rechinando los dientes. Al llegar a la puerta, intentó derribarla de una patada, pero el impacto se le devolvió con tal violencia que salió disparado por los aires hasta el fondo del bosque.
En un último intento de frustración, el espectro usó un hilo de magia para romper la aguja de Elkin, enredar sus hilos y tirar sus telas al suelo. El sastre simplemente reemplazó la aguja, desenredó los hilos, recogió sus telas con paciencia y siguió trabajando.
Derrotado y resignado, el cuerpo negro decidió abandonar la zona y adentrarse en el bosque para no nunca mas volver. El negocio de Elkin siguió dando frutos y, cada vez que le llevaba el dinero del arriendo a la mujer, ella lo miraba con los ojos entrecerrados y las mejillas caídas, sin poder creer que siguiera vivo.
Y es que, cuando eres una persona de corazón limpio que no hace daño a nadie, el destino se convierte en tu protector, permitiéndote vivir en paz y felicidad con tu familia por siempre.


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