El pequeño pueblo mágico de Striva estaba en plenas elecciones. Los candidatos en contienda eran el Ángel de Cristal, que buscaba un trato humano para el pueblo, y el Ser de Piedra de Lava, que quería que la población trabajara con mano dura. Toda la gente mágica estaba terminando de votar en el centro de la ciudad; pero en un momento la votación se congeló: iban 10.001 a 10.002, ganando el Ser de Piedra.
Los simpatizantes del Ángel de Cristal miraban para todos lados con caras arrugadas y gotas de sudor en la frente, buscando quién faltaba por votar.
Stephany y Stiward eran dos hermanos mellizos que también apoyaban al Ángel. Stiward, en ese momento, veía las noticias a través de su pantalla de luz flotante. Al ver los resultados, abrió la boca y corrió a buscar a su hermana a su cuarto. Cuando volvió con ella a la sala, esta abrió los ojos de par en par al ver el holograma. Inmediatamente decidió contactar a su prima por la misma pantalla para que les enviara un pequeño carruaje que los pudiera llevar al centro.
De lo que no se dieron cuenta fue de que había un Ogro de los Techos mirándolos por la ventana. Este, trabajaba para el Ser de Lava, e iba a hacer que, a toda costa, ellos no llegaran a votar a tiempo para que su líder ganara la gobernación del pueblo.
—Hola, Sofía. ¿Cómo estás? ¿Nos puedes contratar un carruaje para que nos lleve al centro de Striva a votar?
—Sí, claro, ya se los envío.
Justo al desconectarse, a Sofía le entró otra llamada: era el Ogro de los Techos. Este le ofreció vestidos y joyas para que retrasara el envío del carruaje. Sofía enseguida se imaginó con las esmeraldas brillando en su pecho y sus brazos, mientras se media los hermosos vestidos en el espejo, así que aceptó por avaricia. Se comunicó con el cochero y canceló el viaje.
Pasaron cinco minutos y no veían llegar ningún carruaje. Eran casi las 3:30 p.m.; las votaciones cerraban a las 4:00 p.m. y ellos estaban en la frontera de la ciudad. Volvieron a llamar a su prima:
—Sofía, no ha llegado ningún carruaje, no vamos a poder votar a tiempo.
—Disculpen, es que el cochero tuvo que recoger a otra persona, pero ya va en camino.
Apagaron la luz flotante y siguieron esperando. Sin embargo, pasaron tres minutos más y nada. Así que decidieron no perder más tiempo y salieron a la calle. Al llegar a la esquina, comenzaron a esperar un transporte. Normalmente no demoraban mucho, pero esta vez, por una extraña razón, todos pasaban llenos. Era raro, pues su zona no era tan poblada como el centro.
De repente, se detuvo un carruaje conducido por un señor que desconocían, pero Stephany tenía el presentimiento de haberlo visto en el grupo del Ángel de Cristal. Él los miró con una gran sonrisa:
—Apuesto a que se dirigen al centro. Súbanse, yo los llevo.
Los chicos subieron y el viaje comenzó. De pronto, el carruaje lo detuvo un embotellamiento. Era algo inaudito en Striva, pues no había sobrepoblación de vehículos, pero precisamente ese día estaba sucediendo. Solo escuchaban el sonido de los cascos de los caballos golpeando el suelo con desespero mientras relinchaban, lo que los llenó de ansiedad.
Lo que no sabían era que el ogro los monitoreaba desde un techo con su propio holograma; él era el causante de los retrasos mediante un hechizo. Pero, en un parpadeo, una luz sobre la calle empezó a brillar. El tráfico comenzó a avanzar rápidamente y en poco tiempo el flujo vehicular se normalizó. De repente, el ogro, se estresó, al buscar por todos lados y ver que el punto de ubicación de los mellizos había desaparecido de su pantalla.
Llegaron al centro con menos de un minuto de margen. Stiward le entregó unas monedas brillantes del tono mágico de Striva al señor y corrieron a las urnas. La gente los miraba en silencio, con sus caras estiradas ya que no estaban seguros que estaba pasando. Marcaron los tarjetones sobre la cara del ángel y los depositaron segundos antes del cierre.
En ese instante, el punto volvió al holograma del ogro, marcando la ubicación de las urnas y este se puso rojo y apretó los dientes. El conteo se actualizó: 10.003 para el Ángel de Cristal y 10.002 para el Ser de Piedra. ¡Ganó el Ángel!
Una enorme euforia estalló entre los votantes. Los mellizos se fundieron en abrazos con la multitud. El Ser de Piedra se desvaneció en el aire, mientras los Ogros de los Techos se estiraron en luz y se elevaron.
Al terminar la celebración, el misterioso cochero volvió a aparecer frente a ellos: —¿Los llevo? Y ellos lo miraron con una gran sonrisa. Sofía, la prima, fue capturada por el nuevo gobierno por haber sido cómplice del mal. Stephany y Stiward hicieron una gran cena en su patio con sus amigos y vivieron con humanidad por mucho tiempo.

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